El formato estándar de presentación corporativa no servía aquí. Una sala con escenario frontal, pantalla y atril deja al asistente en posición pasiva. Funciona para resultados financieros. Falla en una industria donde el producto es experiencia y donde los invitados están entrenados para detectar producción tibia a primera vista.
El reto tenía tres capas. La primera, narrativa. El estudio quería conectar su trayectoria con el momento presente sin convertir la noche en una clase de historia corporativa. La segunda, técnica. El concepto creativo elegido, un homenaje estético a los años ochenta y a la ciencia ficción de aquella década, exigía construir un mundo coherente y no decorar con guiños sueltos. La tercera, de público. Periodistas, desarrolladores, ejecutivos de publishers y socios institucionales conviven en el mismo salón. Cada uno con un umbral de atención distinto y con motivaciones distintas para estar allí.
La producción tenía que resolver las tres capas a la vez. Sin que ninguna canibalizase a las otras.











