El Salón de Contrataciones de La Llotja es uno de los grandes ejemplos del gótico civil mediterráneo conservados en Europa. Eso, que en el plano de marca es un activo, en el plano operativo es una restricción. Las cargas estructurales, los acabados, la iluminación arquitectónica y el régimen de uso del espacio acotan lo que se puede montar y cómo.
La tensión del proyecto es esa: convocar a un canal exigente, profesional, acostumbrado a cenas corporativas, sin caer en la cena de gala convencional que el propio venue invita a hacer por defecto. Mantel largo, centro floral, discurso, postre. El formato estándar ahí dentro funciona, pero no diferencia.
VidaCaixa pedía otra cosa. Una velada que reconociera al mediador como interlocutor estratégico, no como invitado pasivo. Una capa de relato que conectara con la conversación del año en curso de la compañía. Y un montaje que respetara el edificio sin tratarlo como decorado mudo. Tres exigencias que no se resuelven con catálogo.










