La cena de mediadores tiene una dificultad específica: el invitado repite. El mismo agente que asistió el año pasado vuelve este año. Si la velada se repite con cambios cosméticos, la red lo nota y la cena pierde valor como reconocimiento. El reto editorial no era llenar un salón con buena cocina — eso se da por descontado en una cena de gala corporativa Madrid de este perfil. El reto era construir una pieza que el mediador no hubiera visto en otras convocatorias del sector financiero.
A esto se añadía la restricción de venue. El Palacio Neptuno es un palacio histórico de principios de siglo en el Madrid de los Austrias, con techos altos, molduras y proporciones que imponen respeto. Cualquier intervención escenográfica tenía que dialogar con la arquitectura existente, no taparla. Y la producción técnica debía resolverse sin agresión visual: nada de torres truss desnudas, nada de pantallas LED frontales que rompieran la lectura del salón.










